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Finaliza noviembre. Empiezan las ofertas navideñas en los almacenes, la decoración roja con verde, jojojo, renos, pinos, luces, jojojo, el pavo, un gordito regalón, los décimos, el tráfico, más jojojo y de repente lo que es de esperarse, abres la bandeja de entrada de tu mail o facebook y fijo hay un par de invitaciones a las cenas navideñas.

Retrocedamos unos años en nuestras vidas para analizar de donde provienen…(Me referiré a las épocas de mi colegio, ya que en universidad la convivencia con mis compañeros está más fresca).

Estás a punto de salir de tu último año de secundaria y a la más amorosa de tus compañeras se le ocurre la idea de celebrar con una pequeña cena, porque será el último año que serán compañeras de curso. Todas que no pasan de los 17 en su mayoría, celebran inocentemente en casa de alguna, bebiendo coca-cola, un arrocito con pollo y contándose anécdotas del año aún en curso.

Te graduas y cada quien empieza a hacer su vida en diferentes universidades y carreras. Entonces otra vez llega finales de noviembre y empieza la invitación a la cenita navideña. El primer año es emocionante, ves a tus amigos y compañeros luego de un año y estás curiosa por escuchar esas emocionantes historias de cada uno. Regalitos van y vienen, dos y tres cucharadas de pavo con relleno, una que otra risa…pero cuentas los asistentes y faltan como 5. Ok, el próximo año seguro vienen.

Pasan dos años, no has visto a tus compañeros en algún tiempo. Llegas y te das cuenta que no vas vestida lo suficientemente adecuada para la ocasión. Ok, para el próximo año te asegurarás pasar por Optimoda un par de días antes. Te sientas, conversas, comes, medio bailas, hasta que de repente la gente quiere cambiar de planes porque se aburrió. Ahora tendrás que dejar a un lado la amena conversación para compartir taxis que te dirigen a salidas improvisadas donde por cierto tus padres no tienen idea y tu no tienes el permiso para asistir. A la final vas, pero te das cuenta que hubiese sido mejor que todos se quedaran donde se había iniciado la reunión. Cuentas los asistentes en la discoteca de turno y hay 7 menos. Ok, el otro año segurito vienen.

¿A bailar? ¿Pero que coño de integración es esa?

Estás a la mitad de tu carrera en la U, esta vez te aseguraste de comprar ropa nueva para estrenar (asegurándote de quitarle la etiqueta), llegas y siempre habrá uno que esté mejor vestido que tú. Total para lo que importa -piensas- . Esta vez la cena está más reducida, el tiempo para conversar es mínimo y la farra está por iniciarse… cada uno coge sus cosas y entonces yo exclamo: -“¿Que carajo? ¿Y la reunión?. De repente escucho respuestas femeninas como: -“Es que queremos farrear cada una trajo a su novio y pues nos vamos en parejas allá nos encontramos”. Ok, cuento los asistentes y esta vez faltan como 10, y yo me voy para mi casa…

Llegar y encontrar a tus ex compañeras así, no tiene precio xD

Pasan cuatro años, algunos graduados, otros egresados, otros desertaron… esta vez la cena ya no será en casa de algún compañero, será en algún restaurant donde iremos a compartir la cuenta y una amena velada. Pero ni la cuenta se comparte equitativamente ni la velada es muy amena que digamos. Entonces te das cuenta que esas compañeras con las que menos hablabas ahora ya no las soportas, aguantas un par de conversaciones  más superficiales que merengue de torta de matiné, la espera por la comida se te hace más larga que recorrido de Metrovía y el aburrimiento está a punto de hacerte caer sobre la bandeja de pan con mantequilla. Llega al fin la dichosa cena, conversas con quienes aún son tus amigos y que frecuentas al menos vía msn, pasan las horas y llega la cuenta…

¡Ahora paga hpta! Primero cuadran las cuentas del gobierno antes que cuadre la mugre cuenta de $80. Que yo no comí, que yo solo pedí agua, que yo llegué tarde, es que yo iba a pedir nada, es que mi dieta…excusas y disculpas van y vienen y fijo tres al menos terminan poniendo más de lo acordado. Cada uno se levanta y se va y ahí quedó la cena cenita. Luego de tantas complicaciones, malas caras, bocas torcidas, indirectas y demás…cuentas los asistentes de nuevo y apenas llegaron a 12. Ok, seguro el próximo año no vengo yo.

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Hoy estuve en casa de una persona muy especial, llevamos alrededor de 8 años siendo amigas. Al entrar a su casa, recordé las veces en que le gritaba en la puerta: “¡Esconde a tu perro!” luego entraba con la mochila como escudo por si acaso el perro se escape. Subíamos las escaleras donde nos esperaba el computador con un cerro de deberes, fundas de snacks, y el perrito peludo que me causaba tanta alergia (es que el perrito ya se había salido del escondite donde lo dejaba supuestamente).

En clase nos sentabamos juntas con otra amiga, ella me contaba de su sueño de salir del colegio y estudiar algo relacionado a la TV y luego trabajar en eso. Al poco tiempo lo consiguió, mucho antes de yo termine de entender el diseño gráfico. Recuerdo los sanduches con queso y mantequilla tan deliciosos que su abuelita le mandaba para el recreo (uno para ella y uno para mi). Mi abuelita al contrario me mandaba dos manzanas…la otra era para ella. Miles de veces me acompañó hasta las 5pm en la esquina del colegio a esperar que pase el bus que me llevaba a casa. Salíamos a las 14h30 pero por seguir conversando, ya habían pasado una docena de buses. Aún recuerdo las conversaciones sin sentido o las que eran solamente para hablar de la vida…de la vida de las demás de nuestro curso XD. Risas, chistes y bromas porque jamás podíamos estar sin hablar alguna tontería.

Al entrar a su baño recuerdo la mala cara que tenía a las 6am luego de habernos amanecido con algún trabajo de programación o un proyecto de diseño; como nuestra librería Pekes, por la que sufrimos para entrar la linea gráfica a tiempo. Apenas tenía 15 años y ya estaba empezando a conocer la triste vida del diseñador. Aún me acuerdo de sus palabras de ánimo: “Ya Andrea despiertate carajo que ya llegamos al colegio” con olor a café con leche y a tostada con queso.

Hay aún tantas cosas que nos faltan por vivir, solo que ahora ella será mamá. Y pienso que no lo creeré hasta que vea a su bebé en sus brazos. Aunque la noticia hizo que se me vaya el alma al piso son estos los momentos en los que por más que le quieras decir: “¡¿Estás loca? Ya te jodiste!”, le sonries y la apoyas. Se que nuestras vidas cambiarán, talvez ya no la entienda cuando me hable de maternidad ni del precio de un pañal y aunque ya no la vea seguido en fiestas y demás agasajos, solo puedes decirle con el mismo cariño que sientes por ella que serás feliz tía de su frejolito.

¡Suerte linda, te quiero muchísimo! 🙂

Bien dicen que nadie es perfecto, mis padres me dotaron de unos genes que me hicieron inteligente, heredé unos ojazos negros, las piernas largas de mi papá, la sonrisa de mi mamá y el sentido del humor peculiar en mi familia materna. Pero ya que nada está en completo en la vida, lo que nunca heredé ni desarrollé son senos.

Años atrás cuando veía a mis amigas ir desarrollando me preguntaba: “Bueno y a mi estas pendejadas porque no me crecen…” Luego pensé: “Bah! probablemente sea cuestión de tiempo” Ya son 22 años y sigo luciendo un hermoso par de limones.

Cuando estaba en 1er año de colegio, decidí que entraría a la selección de basquet del colegio, si bien al correr no había nada que me estorbe ni me rebote, el asma acabó con mis sueños deportistas…mi sentido del humor y conocimiento en diferentes cosas creció, menos mis senos.

A pesar de burlarme de mis limones, si hay algo que les agradezco es que nunca me hayan dolido más de lo que me duelen en el periodo pre-menstrual, puedo pasar todo un día sin sostén sin que sienta que me cuelgan y los chicos que he conocido me han hablado viendome a la cara y no a las tetas al escote.

Sin embargo una de mis quejas al respecto es encontrar un sostén para lucir con dignidad mi falta de volumen mamario. Mis senos en proporción son tan pequeños como los de Keira Knightley y no he pensado en operarmelos pues no quiero lucir como attaché de discoteca. Ser siliconuda no está entre mis planes, a menos que, ya haya tenido un hijo y se me hayan caido el poquito de senos que tengo, puede que ahí y aumente una talla, pero cargar un par de melones lo seguiré considerando vulgar…de muy, muy mal gusto.

Keira ¿dónde conseguiste ese?

Enseñando un escote con elegancia u_u

Aquí Keira enseñandome que ella también los tiene pequeños como yo

En fin, que alguien me explique porque demonios los sostenes vienen con tanto relleno, maldita sea! Da calor, y esas esponjas son más falsas que las tetas de Paloma. Y es que sino vienen con esponjas, vienen con encajes (que por cierto pica y no hay mi talla nunca)
Debido a esto continué usando sostenes de adolescente, hasta que mi mamá y mi tía empezaron a decirme: “Estos no me quedan, me los compré recién pero no me cierran en la espalda” y yo: “Ahhh ok…” Y ahi están, los uso también pero la verdad estorban, mis senos ahí se sienten tan solos que creo que uno de estos días se irán y me dejarán la pura esponja.

Seguiré con mi búsqueda de un sostén pequeño para estas pequeñas. ¿Es que acaso nadie piensa en las que estamos que orgullosas de ser 32A?. No me los quiero rellenar con más esponja, creo que debo empezar a recorrer los pasillos de las secciones teens o de DePrati Juniors…aunque cueste $30 el muy infeliz ¬¬