Decidí escribir esto sintiéndolo. Sintiéndolo de verdad. Estoy sentada en el escritorio de la oficina y veo que aún faltan 90 minutos para salir corriendo cual Pedro Picapiedra y llegar a mi casa a acostarme en posición fetal -modo bolita- en mi cama. No me importa que aún no hayan pagado la quincena, no me importa si llueve, no importa nada, no puedo pensar en otra cosa que no sea en un alma carritativa que me traiga una ibuprofeno y me calmé este dolor.

Cuando mi prima de 14 años tuvo su primera regla a los 12 años dijo: “estoy con la monstruación”. No estaba equivocada. No hay nada más monstruoso que esto. No quiero comer, no tengo ganas de escuchar música, el aire acondicionado no ayuda y es la 3era taza de te que me tomo. No tengo pastillas a la mano así que “aguanto como macha”. Como mártir diría yo.

Pensar que cuando llega tu menarquia, mucha gente te felicita. Si, te felicitan “por convertirte en señorita”. A quien le puede parecer un logro el constante vaivén de hormonas. ¿A quién?

Dios baja y le dice a Eva:
-¡Mujer! ¡Has comido de esa manzana! ¡Ahora tu pecado lo pagarás con sangre!
-Mmm ¿Puedo pagarlo en cuotas?
…y así se creó la menstruación.

Anuncios